CORRECCIÓN A LA MANERA DE DIOS
Martes, 12 de Diciembre de 2017
 Oseas 9-11 | Apocalipsis 3
“Les escribí con gran tristeza y angustia de corazón, y con muchas lágrimas, no para entristecerlos, sino para darles a conocer la profundidad del amor que les tengo.” — 2 Corintios 2:4

¿Qué nos da el derecho a confrontar a otros cristianos acerca de sus actitudes, comportamiento o doctrina? Esto no pretende ser una pregunta condenatoria. Pablo incluía regularmente una corrección en sus cartas, lo que significa que hay un tiempo y lugar para que un cristiano confronte a otro acerca de las preocupaciones de la fe, pero ¿cuándo es apropiado hacerlo? ¿Debemos estar bien versados en teología o doctrina para hacer tal confrontación? ¿Debemos tener una vida piadosa comprobada o exhibir el don del discernimiento? ¿El derecho de corrección está limitado a pastores o ancianos?

La capacitación, los dones y las posiciones tienen su importancia, pero Pablo enfatiza que todas las correcciones deben realizarse, ante todo, en amor. Entre 1 y 2 de Corintios, Pablo había enviado una carta adicional a la iglesia de Corinto, y esta carta le había resultado dolorosa de escribir. Si bien no estamos del todo seguros de los problemas que Pablo trató de corregir, obviamente fueron asuntos difíciles que lo hicieron escribir desde una posición de “gran tristeza y angustia de corazón, y con muchas lágrimas” (2 Corintios 2:4). Esta carta afectó la relación entre Pablo y los corintios, pero Pablo deja en claro que sus palabras de corrección fueron dichas por amor a los corintios.
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El amor no es expresado a través de condenación. Cuando Jesús habló en contra de los líderes judíos en Jerusalén, lo hizo después de llorar por la ciudad (Lucas 19:41). No lloró por enojo o superioridad moral, sino por el deseo de que todos se salvaran, de manera que se cumplieran adecuadamente la voluntad y los propósitos de Dios. El hecho que los líderes judíos malinterpretaran las Escrituras y fueran tan legalistas y condenatorios, quebrantaba profundamente el corazón de Jesús. Su amor por ellos lo llevó a hablarles palabras de corrección para que ellos conocieran la verdad.

Es importante que permitamos que nuestro corazón sea quebrantado por los perdidos y extraviados antes de criticarlos. Nuestro deseo de ayudar y corregir a los demás sólo debe perseguirse después de considerar cuidadosamente el estado de nuestro propio corazón, y debe originarse en el deseo de ver a las personas en una posición correcta delante de Dios.
La corrección duele. Aquellos a quienes corregimos pueden no apreciarlo inicialmente, lo que indudablemente causará tensión en la relación, como sucedió con Pablo y la iglesia de Corinto. Pero amar es corregir cuando se requiere, incluso si duele. De hecho, debería entristecernos que se requieran correcciones y sean ignoradas. Pero la corrección realizada en amor tendrá una posibilidad mucho mayor de ser recibida humildemente, lo que finalmente llevará a restauración, no sólo en nuestra relación con aquellos que estamos corrigiendo, sino también en la relación con Dios y su Iglesia.

ORACIÓN: Dios misericordioso, ayúdame a estar listo a recibir cualquier corrección que necesite en este momento, y concédeme tu compasión y dirección si hay alguien a quien Tú quieras que yo corrija. Gracias Señor.
PARA REFLEXIONAR: ¿Cuál es la corrección a la manera de Dios? ¿Es apropiado corregir a otros cristianos? ¿Qué debemos hacer antes de corregir a otros?
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