UNA CONCIENCIA EROSIONADA
Viernes, 08 de Diciembre de 2017
 Daniel 8-10 | 3 Juan
“Por lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer.” — 1 Corintios 10:12

¿Cómo fue que David pasó de tener una conciencia afligida por “sólo cortar un pedazo de la túnica de Saúl” a dormir voluntariamente con la esposa de otro hombre? Sólo podemos especular, pero el pecado de David ilustra cuán rápidamente podemos caer de la cima de ricas experiencias, bendiciones y unción de Dios.

El David que cortó la túnica de Saúl era un fugitivo cuya conciencia estaba viva y activa. Años después, era el rey de Israel y cada una de sus palabras era obedecida y cada capricho era complacido. Cuando envía a traer a Betsabé, una bella mujer a la que observa desde el tejado del palacio, David ni siquiera detecta el pecado ni mucho menos lo rechaza. David siente que tiene derecho y sabe que un hombre en su posición podría tener a cualquier mujer que deseara.
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David había comenzado a halagarse y complacerse a sí mismo. En lugar de alejarse inmediatamente de Betsabé, David voluntariamente abre la puerta al pecado y camina a través de ella. Nosotros también podemos caer fácilmente en esta trampa de pecado con el momento más peligroso, cuando nos sentimos seguros y cómodos. En estos momentos, no hay urgencia de depender de Dios, lo que nos deja abiertos al pecado. La justificación de David para cometer adulterio dominó su conciencia, y se interesó más por las consecuencias que por tener una posición correcta delante de Dios. En lugar de buscar perdón, David hizo que el esposo de Betsabé, Urías, fuera enviado al frente de la batalla más feroz y quedara desprotegido, asegurando de esta manera su muerte. Urías fue asesinado por encargo de David simplemente para cubrir las huellas de su pecado.

Las tentaciones que batallan contra nuestra alma siempre estarán presentes y nos estaremos engañando a nosotros mismos si pensamos que somos incapaces de pecar en áreas que nos consideramos aparentemente fuertes. Este es el peligro de erosionar nuestra conciencia. Lo que podría parecer un pecado pequeño e inocente al principio, rápidamente puede salirse de control hasta que termina dominándonos. David comienza mirando y codiciando, lo que finalmente conduce a la muerte de un hombre inocente.

Fue después del adulterio con Betsabé que David escribió el Salmo 51. Él ora, “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu” (Salmo 51:10-11). Este es ahora un David humilde y arrepentido, afligido por su pecado. El pecado no es meramente una controversia que enfrentamos con nuestra conciencia, sino con Dios quien conoce todos nuestros pecados. Aunque Dios nos perdona y nos limpia, siempre hay daño colateral. El pecado puede estar oculto, pero no es silencioso. Al final, saldrá a la luz y nos alcanzará, pero la confesión y el arrepentimiento diario nos mantendrán dependientes de Dios y fortalecerán nuestra determinación de caminar en Sus caminos.

ORACIÓN: Señor, te pido que restablezcas una conciencia fuerte y duradera en mí, y ayúdame a confiar en Ti como mi fortaleza en cualquier tentación que se cruce en mi camino. Gracias Señor.
PARA REFLEXIONAR: ¿Cuál es la consecuencia de una conciencia erosionada? ¿Por qué un pecado pequeño y aparentemente inofensivo puede terminar dominándonos? ¿Cómo fue que David pasó de tener una conciencia afligida por “sólo cortar un pedazo de la túnica de Saúl” a dormir voluntariamente con la esposa de otro hombre?
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