INTERRUMPIENDO LA RELIGIÓN
Miércoles, 11 de Octubre de 2017
 Isaías 37-38 | Colosenses 3
“Así se presentó Juan, bautizando en el desierto y predicando el bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados. Toda la gente de la región de Judea y de la ciudad de Jerusalén acudía a él. Cuando confesaban sus pecados, él los bautizaba en el río Jordán.” — Marcos 1:4-5

Juan el Bautista predicaba el bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados. Su audiencia no estaba conformada por gentiles, quienes poco sabían acerca de Dios, sino por el pueblo religioso de Israel que ya tenía las leyes de Dios, los profetas, el templo y todo el sistema religioso. En la infértil y deshabitada región de Judea, Juan exhortó al pueblo de Dios a arrepentirse de su pecado para estar listos para recibir al Mesías.

Lo que Juan quiere decir con arrepentimiento se expresa con mayor claridad cuando responde a las preguntas que le hacían las personas. Lucas 3:11-14 dice: “El que tiene dos camisas debe compartir con el que no tiene ninguna —les contestó Juan—, y el que tiene comida debe hacer lo mismo. Llegaron también unos recaudadores de impuestos para que los bautizara. Maestro, ¿qué debemos hacer nosotros? —le preguntaron. No cobren más de lo debido —les respondió. Y nosotros, ¿qué debemos hacer? —le preguntaron unos soldados. No extorsionen a nadie ni hagan denuncias falsas; más bien confórmense con lo que les pagan.” Las respuestas de Juan a la multitud se centraban en las posesiones, la posición y el poder. Tienes abundancia, comparte con otros. Tienes posesiones comerciales, no busques ganar más de lo que se requiere, y para los que están en el gobierno —apártense de la corrupción. No extorsionen ni acusen falsamente a las personas y estén contentos con lo que tienen.
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La razón por la cual Juan está entregando un mensaje de arrepentimiento para el perdón de pecados es porque los israelitas tenían la Palabra de Dios, pero sus vidas cotidianas no reflejaban lo que Dios dice en su Palabra. Una buena pregunta que debemos hacernos es: ¿mi vida refleja los caminos de Dios o simplemente el conocimiento de su Palabra? Como pueblo de Dios, los israelitas debían haber sido los más astutos en cuanto a lo que Dios estaba haciendo, porque tenían las Escrituras y las estudiaban toda su vida. Los fariseos, los escribas y la élite del templo conocían la Palabra de Dios, pero rechazaban el bautismo de arrepentimiento de Juan.

Cuando Jesús entra en escena, interrumpe totalmente la religión, volteando el mundo al revés con un nuevo mensaje radical de: “Vengan a Mí, Permanezcan en Mí”. Dios envió a Juan el Bautista por delante para allanar el camino hacia Jesús, para que los israelitas se arrepintieran de su pecado. Esto limpiaría las cubiertas del pecado, permitiéndoles ser bautizados por el Espíritu Santo, que sólo Jesús puede hacer por medio de la presencia de su Espíritu. El deseo de Dios es que nuestro corazón siempre esté lo suficientemente arrepentido para que lo busquemos más, busquemos más su Palabra, y vivamos en total dependencia de Cristo, de manera que la Palabra de Dios se encarne y se refleje cada vez más en la forma en que vivimos.

ORACIÓN: Amado Dios, sondea mis caminos, y revela lo que hay en mí que sea contrario a tu Palabra. Ayúdame a crecer y a vivir conforme a tu Palabra en cada área de mi vida. Gracias Señor.
PARA REFLEXIONAR: ¿Mi vida encarna los caminos de Dios o simplemente el conocimiento de su Palabra? ¿Por qué razón el mensaje de Juan era un mensaje de arrepentimiento? ¿Cuál es la diferencia entre el mensaje de Jesús y el mensaje de Juan el Bautista?
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