PARA SOSTENER AL CANSADO
Viernes, 13 de Julio de 2018
 Salmos 7-9 | Hechos 18
¡Qué hermosos son, sobre los montes, los pies del que trae buenas nuevas; del que proclama la paz, del que anuncia buenas noticias, del que proclama la salvación, del que dice a Sión: «Tu Dios reina»! — Isaías 52:7

Podríamos pensar que el verso inicial tendría más sentido si dijera: ¡Que hermosa es la lengua de aquel que trae buenas nuevas! Hay muchas ocasiones en las Escrituras donde Dios se enfoca en los pies de Sus mensajeros, pero ¿por qué específicamente los pies? Sugiero que es porque los pies son la primera parte de nuestra anatomía que Dios requiere. Cuando Pablo insta a que ofrezcamos nuestros cuerpos como “sacrificio vivo, santo y agradable a Dios” (Romanos 12:1), esto comienza con la disposición de ser movidos al lugar correcto.

Una vez que Dios tiene nuestros pies, Él necesita nuestros ojos. Los samaritanos eran rechazados por los judíos debido a su linaje mezclado con los asirios, pero cuando Jesús pasó por Samaria, los discípulos se sorprendieron cuando lo vieron hablando con una mujer samaritana. Esto iba en contra de siglos de prejuicios fuertemente establecidos, pero Jesús reprendió a Sus discípulos, diciendo: “¡Abran los ojos y miren los campos sembrados! Ya la cosecha está madura” (Juan 4:35). Dondequiera que Dios nos envíe, debemos caminar con los ojos bien abiertos para ver a aquellos con necesidad física y espiritual.
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Luego, debemos darle a Dios nuestros oídos. Jeremías 23 habla de falsos profetas que hablaron mensajes de sus propias mentes y presentaron sus propias ideas como si estuvieran hablando de Dios. Dios entonces preguntó: “¿Quién de ellos ha estado en el consejo del SEÑOR? ¿Quién ha recibido o escuchado su palabra? ¿Quién ha atendido y escuchado su palabra?” (Jeremías 23:18). Ciertamente debemos abrir nuestros oídos a las historias y luchas de las personas, pero es igualmente importante conocer las Escrituras y ser sensibles a lo que Dios habla desde el cielo y a lo que Él pone en nuestro corazón. Después, le damos nuestra lengua, Isaías 50:4 dice: “El SEÑOR omnipotente me ha concedido tener una lengua instruida, para sostener con mi palabra al fatigado.” Al escuchar la voz del Espíritu, Él nos equipa con las palabras correctas para compartir el Evangelio con aquellos que Él ha madurado para la cosecha.

Dios obra en nosotros conforme a Su buen propósito después de que nos hayamos sometido a Cristo, esto comienza cuando sometemos nuestros pies a Dios. Podemos estar dispuestos a permitir que Dios hable a través de nosotros, pero nuestra lengua bien instruida no tendrá ningún valor si estamos hablando en el lugar equivocado. Algunos de nosotros trataremos de darle nuestros pies a Dios de manera condicionada, permitiéndole que guie nuestros pies siempre y cuando nos mantenga en cierta ciudad o cerca de nuestras familias. Pero rendir nuestros pies a Dios significa renunciar a nuestros derechos a decidir dónde le serviremos. Ya sea en el campo misionero extranjero, en el hogar o en nuestras escuelas, comunidades y lugares de trabajo, como cristianos, somos los agentes de Dios para ir a donde Él nos llame y ser el medio a través del cual Él sostiene a los cansados.

ORACIÓN: Señor Jesús, rindo a Ti mis pies, mis ojos, mis oídos y mi boca. Gracias por prepararme para moverme, para ver a las personas necesitadas, para escuchar la voz de tu Espíritu y para proclamar Tu verdad.
PARA REFLEXIONAR: ¿He rendido verdaderamente mis pies, mis ojos, mis oídos y mi boca a Cristo?
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