PERMITIENDO QUE LA PAZ DE CRISTO GOBIERNE
Jueves, 13 de Julio de 2017
 Salmos 7-9 | Hechos 18
“Que gobierne en sus corazones la paz de Cristo, a la cual fueron llamados en un solo cuerpo.” — Colosenses 3:15

Una vez que hemos sido reconciliados con Dios por medio de Jesucristo, tenemos paz con Dios, sin embargo, permitir que la paz de Cristo gobierne en nuestros corazones es algo completamente diferente. Desde lo más profundo de nuestro ser, independientemente de lo que esté sucediendo en nuestra vida, realmente podemos experimentar y disfrutar la paz de Cristo.

Pablo no solamente hace referencia a la paz de Dios presente en nuestro corazón, sino a la paz de Dios gobernando nuestro corazón; esto es, asumir y someter todo bajo la soberanía de la paz de Cristo. Aunque nuestro mundo externo pueda estar bajo gran turbulencia, Cristo mismo es nuestra paz y Él es el pilar de nuestra fortaleza. Podemos estar completamente seguros que Dios está en control de todo, y por el hecho de que somos receptores de Su infinita gracia, experimentaremos Su paz, la cual se convierte en nuestra fuente de estabilidad. No es una paz como la da el mundo, no es una paz lógica derivada de la capacidad humana, sino es la verdadera paz, una paz sobrenatural, que proviene únicamente de Dios.
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La paz de Dios es muy diferente de la tranquilidad, y fue bellamente ilustrada en un concurso de pintura celebrado en Inglaterra. El tema era “la paz” y hubo dos ganadores. Una de las pinturas ganadoras era de la región de lagos en el Noroeste de Inglaterra, y mostraba una vista inspiradora de un lago en primer plano, con el cielo azul y bocanadas de nubes blancas, al fondo había una magnífica cadena montañosa que se reflejaba en la calmada agua del lago. Era una pintura muy cálida y acogedora que despertaba nuestro interés por estar allí. El nombre de esta pintura era "Paz" y ganó el segundo lugar. La otra pintura ganadora era la representación de una violenta tormenta en el suroeste de Inglaterra, en el punto donde la península de Cornualles se asoma hacia el océano Atlántico. Olas gigantescas y tumultuosas chocando contra las rocas, nubes oscuras opacando el firmamento, fuertes relámpagos que acuchillaban el cielo, y fuertes vientos y lluvias golpeando un accidentado lado del acantilado. A dos tercios de la cima de este acantilado había una gaviota sentada en su nido, que estaba incrustado en una hendidura de la roca, con los ojos cerrados, totalmente ajena a la tormenta. El artista llamó a su pintura la "Paz" y ganó el primer premio.

Pablo nos dice: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7). La paz de Dios no es la paz del tranquilo lago. Esa paz no sobrepasa el entendimiento. La paz de Dios tampoco significa la ausencia de conflicto, sino es una paz que se experimenta en medio del conflicto y las dificultades. Sabremos que hemos apropiado la promesa de Dios cuando ya no estemos afanados o preocupados, porque tenemos la certeza que Cristo está en control, y que Cristo es totalmente suficiente para cualquier tormenta.

ORACIÓN: Gracias Amado Padre Celestial por darme la paz de Cristo para que gobierne mi corazón y me sostenga a través de las tormentas de la vida. Ayúdame siempre a descansar en Ti. Gracias Señor.
PARA REFLEXIONAR: ¿Qué significa que la paz de Cristo reine en nuestro corazón? ¿Cuál es la diferencia teológica entre tranquilidad y verdadera paz?
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