DIOS EN NUESTROS ZAPATOS
Jueves, 12 de Julio de 2018
 Salmos 4-6 | Hechos 17:16-34
No te acerques más —le dijo Dios—. Quítate las sandalias, porque estás pisando tierra santa. — Éxodo 3:5

Tan pronto como Moisés se desvió para ver la zarza ardiente, Dios lo sorprendió al anunciarse desde dentro de la misma zarza. Imagina el temor y el asombro que Moisés sintió cuando Dios lo llamó no una vez, sino dos veces. Dios le dijo a Moisés que se quitara las sandalias porque estaba pisando tierra santa. ¿Cuál era el sentido de esta orden? ¿Estaba Dios tratando de adaptar a Moisés a una norma o costumbre, o había algo espiritualmente significativo acerca del hecho de quitarse las sandalias?

La respuesta a esta pregunta la encontramos en la maravillosa conversación que prosiguió. Dios dio una serie de declaraciones acerca de Sí mismo y expresó Su reacción ante la esclavitud de Su pueblo. “Ciertamente he visto la opresión que sufre mi pueblo en Egipto. Los he escuchado quejarse de sus capataces, y conozco bien sus penurias. Así que he descendido para librarlos… y sacarlos… (Todas estas declaraciones están dadas en primera persona…. yo, yo, yo)”, Yo lo haré dice Dios. Pero justo antes que el entusiasmo de Moisés hubiera llegado a su punto más álgido, Dios le dice a Moisés: “Así que disponte a partir. Voy a enviarte al faraón para que saques de Egipto a los israelitas, que son mi pueblo” (Éxodo 3:10).
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Moisés quedó nuevamente aturdido e inmediatamente expresó renuencia y, comprensiblemente, sentimientos de total insuficiencia para la tarea. Moisés había huido de Egipto debido a su fallido intento de liberar a su pueblo después de matar a un capataz egipcio por golpear a un esclavo hebreo. Ahora, Moisés tenía 80 años de edad, era un fugitivo de la justicia, y había pasado de ser un príncipe de Egipto, a pastorear ovejas en la parte más inhóspita del desierto de Madián. ¿Qué podía saber él acerca de liberar y sacar a más de dos millones de personas de sus lazos de esclavitud?

Siempre buscaremos razones para justificar por qué pensamos que no estamos preparados para participar en la obra de Dios. Quizás muchos de nosotros sintamos que estamos mal equipados o pensemos que nuestros fracasos pasados nos descalificarán de ser de utilidad en el reino. Pero, al igual que Moisés, la promesa de Dios para nosotros es: “Yo estaré contigo” (Éxodo 3:12). Dios, definitivamente, es la única explicación para las cosas que Él logra en nuestro mundo, pero Su estrategia es obrar a través de personas obedientes y dependientes que siempre están a Su disposición. Lo que nos califica para servir a Dios no son nuestras capacidades, sino nuestra disposición hacia Él.

Dios, antes de estar interesado en nuestra habilidad, está interesado en nuestra movilidad. Cuando caminamos hacia donde Dios nos dirige y actuamos en obediencia a Él, estamos caminando en tierra santa. Esto requiere ajustar nuestra actividad a la actividad de Dios y nuestra agenda a Su agenda. Cuando nosotros, metafóricamente, nos quitemos nuestros zapatos, y le permitamos a Dios los llene, Él nos llenará de Su poder para lograr lo que Él nos ha llamado a hacer, porque el que nos llama "es fiel y así lo hará" (1 Tesalonicenses 5:24).

ORACIÓN: Señor soberano, te entrego mis zapatos. Echa fuera de mí todas las dudas que yo tenga acerca de sentirme incapaz de hacer la obra a la que Tú me has llamado, Tú eres mi poder y mi fortaleza. Gracias Señor.
PARA REFLEXIONAR: ¿Cuál es el significado de que Dios le pidiera a Moisés quitarse las sandalias porque estaba pisando tierra santa? ¿Me he sentido incapaz y sin preparación para realizar la obra a la que Dios me ha llamado? ¿Cómo puedo superar este obstáculo?
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