CONVERSIÓN
Martes, 10 de Julio de 2018
 Job 41-42 | Hechos 16:22-40
En el viaje sucedió que, al acercarse a Damasco, una luz del cielo relampagueó de repente a su alrededor. Él cayó al suelo y oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? — Hechos 9:3-4

La sabiduría tradicional nos dice que un hombre con experiencia es más poderoso que un hombre con argumentos. La experiencia de Saulo en el camino a Damasco sería una experiencia que ciertamente quedaría indeleblemente grabada en su corazón y mente. Pero un encuentro tan dramático con Cristo resucitado parece injusto para muchas personas. ¡Saulo iba camino a perseguir y encarcelar a los cristianos! Con la intención de aniquilar el movimiento cristiano, Saulo aparecería como el candidato menos probable a quien Dios le mostrara Su gracia, especialmente de una manera tan rápida y sorprendente.

Muchas personas hoy en día, aunque no han tenido un encuentro físico con el Cristo resucitado, también han experimentado conversiones dramáticas: algunas estando al borde de la muerte, otras estando en cárceles de máximas seguridad y otras al borde de la destrucción debido a las adicciones. De repente descubren el poder del Cristo viviente y sus vidas dan un giro de 180 grados. Por otro lado, hay muchas personas criadas en hogares cristianos que han entendido el Evangelio desde la juventud y que siempre se han sentido seguras y no han tenido rebeldía. Sin embargo, este tipo de personas pueden cuestionar la calidad de su experiencia de Dios porque no han experimentado una conversión dramática que tal vez hubiera marcado la diferencia.
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¿Esta súbita intervención sobrenatural, como lo fue la experiencia de Saulo, es un acto arbitrario de Dios? ¿Tiene más peso una conversión dramática que el testimonio interno sutil del Espíritu Santo, comúnmente experimentado por muchos otros? Es incuestionablemente cierto que la iniciativa en la salvación de cualquier ser humano pertenece a Dios, ya que la vida cristiana no comienza con el descubrimiento humano, sino con la revelación divina. Lo que es igualmente cierto es que éste no es el único ingrediente en la salvación de una persona, y por lo tanto, no es un acto puramente arbitrario de Dios.

Pablo, conocido como Saulo más tarde, escribe a los Romanos, “lo que se puede conocer acerca de Dios es evidente para ellos, pues él mismo se lo ha revelado. Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa” (Romanos 1:19-20). Lo que Pablo está diciendo es que la revelación general en la creación, si se le pone atención, es suficiente para llevar a las personas a la salvación en Cristo, pero debe haber una respuesta recíproca a la revelación que Dios nos ha dado.

Venir a Cristo de una manera dramática o no, no es el asunto. El asunto central está en apropiarnos de la revelación que Dios nos ha dado en nuestra vida. En el poder permanente, y en la intimidad de nuestra comunión con Cristo y la obediencia a Él, encontramos el verdadero sentido en la vida cristiana.

ORACIÓN: Señor Jesús, gracias por revelarte a mi vida. Oro por una relación profunda y duradera, en la que yo pueda experimentar más de Ti. Gracias Señor.
PARA REFLEXIONAR: ¿Cómo fue mi conversión a Cristo? ¿Qué fue lo que me llevó a Cristo?
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