HACIENDO FRENTE A LA PALABRA DE DIOS
Lunes, 11 de Junio de 2018
 Esdras 1-2 | Juan 19:23-42
Por eso es necesario que prestemos más atención a lo que hemos oído, no sea que perdamos el rumbo. — Hebreos 2:1

Alan Redpath, evangelista, pastor y autor británico, dijo que la mayor necesidad de los cristianos no es aprender o saber más acerca de Dios, sino poner en práctica lo que ya saben. La lucha más grande para muchos de nosotros no es que seamos ignorantes acerca de las cosas que Dios ha dicho, sino que no nos apropiamos, no obedecemos, no creemos ni recibimos esas cosas. Es posible que escuchemos o leamos la Palabra de Dios semana tras semana, pero la descuidamos al no prestar “la atención más cuidadosa... a lo que hemos escuchado”.

Imagina estar enfermo y recibir medicamentos de un médico sólo para luego olvidarnos de ellos. Tomar el medicamento nos hará sentirnos mejor, pero exhibido en el mostrador, el medicamento no hará nada por nosotros. Aunque hoy en día tenemos fácil acceso a la Palabra de Dios, incluso podemos tener la Biblia mediante una aplicación en nuestros teléfonos celulares, muchos de nosotros continuamos descuidando las Escrituras con mucha facilidad. No es que rechacemos abiertamente la Biblia o su enseñanza; pero es posible que simplemente nunca hayamos cultivado el hábito de leer y estudiar diligentemente las Escrituras.
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Lo mismo ocurre con la forma como nos aproximamos a la iglesia. Algunos de nosotros asistimos los domingos sin ninguna expectativa de reunirnos con Dios. Tal vez asistamos a la iglesia porque es la tradición en la que fuimos criados. Podemos haber crecido asistiendo a la iglesia todas las semanas, pero nunca hemos permitido que la verdad que escuchamos tenga algún impacto en nuestra vida. Algunos van a la iglesia porque disfrutan de la música, la confraternidad o la predicación, pero no aplican lo que aprendieron el domingo a una crisis que les ocurre a mitad de semana. Al igual como muchas veces ocurre con la Biblia, que permanece sin abrir o desatendida en nuestros hogares, es posible estar físicamente presente durante un servicio en la iglesia pero ausente espiritualmente, sin crecimiento, sin fruto y sin esforzarnos para que estas verdades se hagan realidad en nuestra vida.

Descuidar la Palabra de Dios no tiene una consecuencia final diferente a rechazar la Palabra de Dios. No permanecemos neutrales cuando dejamos de prestar atención a la Palabra de Dios. La indiferencia o la pasividad ahogan nuestro estudio de las Escrituras, lo que inevitablemente nos hará alejarnos de Él. Cuando sentimos que nuestra relación con Dios está más vacía y distante desesperadamente debemos abrir nuestro corazón a la obra de Su Espíritu. Solamente Él puede hacernos sentir nuevamente hambre y sed por Su Palabra, para que podamos volver a estar familiarizados con el corazón de Dios. A medida que estudiamos y meditamos diligentemente las Escrituras, Dios restaurará nuestra pasión por su Palabra para que podamos conocer más profundamente quién es Él, cómo opera y qué desea para cada uno de nosotros.

ORACIÓN: Señor Soberano, perdóname por descuidar tu Palabra y lo que me estás diciendo a través de tu Espíritu. Por favor, haz que crezca en mí el deseo de tomar en serio las cosas que dices. En el nombre de Jesús.
PARA REFLEXIONAR: ¿Estoy descuidando la Palabra de Dios? ¿Estoy siguiendo algún plan de lectura diaria de la Palabra de Dios? ¿Estoy meditando en la Palabra de Dios a diario?
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