EL PECADO DE ACÁN
Jueves, 17 de Mayo de 2018
 1 Crónicas 1-3 | Juan 5:25-47
No vayan a tomar nada de lo que ha sido destinado al exterminio para que ni ustedes ni el campamento de Israel se pongan en peligro de exterminio y de desgracia. — Josué 6:18

Después de la conquista de Jericó, la avaricia de un hombre arrojó una sombra oscura sobre toda la nación de Israel. Hoy somos muy bendecidos con el Espíritu de Cristo que mora en nosotros, y hay perdón, pero no podemos engañarnos pensando que el pecado no aflige a Dios ni tiene consecuencias devastadoras.

Antes del ataque a Jericó, Dios instruyó a Josué para que le ordenara a las personas mantenerse alejadas de toda la plata y el oro, los artículos de bronce y hierro, ya que eran sagrados para el Señor. Josué les advirtió que tomar cualquier cosa dedicada a Dios, no sólo les traería destrucción a ellos, sino a toda la nación. Un hombre llamado Acán desobedeció y, en consecuencia, lo que debería haber sido una victoria fácil sobre la región de Hai, terminó en una devastadora derrota sobre los israelitas, que terminaron retrocediendo y llenos de miedo.
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Una vez que Acán fue descubierto, dijo: “Vi en el botín un hermoso manto de Babilonia, doscientas monedas de plata y una barra de oro de medio kilo. Me deslumbraron y me apropié de ellos. Entonces los escondí en un hoyo que cavé en medio de mi carpa. La plata está también allí, debajo de todo” (Josué 7:21). Acán vio el botín, lo deseó, lo tomó y lo ocultó.

El pecado siempre comienza con el deseo. Cuando abrigamos el deseo de algo que está fuera de la voluntad de Dios, ese pecado pronto desarrolla vida propia, y no tardará mucho en ser más fuerte que nuestra voluntad de resistir. Una de las grandes mentiras que podemos seguir creyendo es que podemos manejar el pecado, pero comenzaremos a tomar todas las medidas para ocultarlo. Cualquier cosa que necesitemos ocultar, podemos estar seguros que es venenosa y pecaminosa. Santiago 1:14-15 dice: “Todo lo contrario, cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen. Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte.”

Lo que Acán no se dio cuenta fue que estaba llevando su pecado al seno de su familia con resultados devastadores. Para librar a la nación de su pecado, él y su familia fueron apedreados hasta la muerte y los cuerpos de su familia quemados. El pecado es tóxico y activamente destructivo. Se extenderá y se cernirá como una nube oscura sobre nuestra cabeza hasta que sea traído a la luz, confesado y tratado. El juicio sobre Acán es aleccionador y un conmovedor recordatorio de cómo el pecado aflige a Dios. Si albergamos el pecado, especialmente el pecado persistente, debemos venir a la cruz de Cristo, quien cargó con nuestro pecado y pone a disposición nuestra la purificación, la curación, el perdón y la redención que provienen de Él. Un humilde arrepentimiento es lo que toca el corazón de Dios y enciende Su poder dentro de nosotros para tratar con el pecado.

ORACIÓN: Señor Jesús, aunque estas historias son inquietantes de leer, son buenos recordatorios de mi desesperada necesidad de Ti para evitar caer en el pecado. Gracias Señor por ser la fuente de mi seguridad y santidad.
PARA REFLEXIONAR: ¿Cuál es el pecado de Acán? ¿Estoy consintiendo el pecado en mi vida? ¿Cuál es la enseñanza para nuestras vidas de la historia del pecado de Acán?
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