DAR CON HIPOCRESÍA
Lunes, 14 de Mayo de 2018
 2 Reyes 19-21 | Juan 4:1-30
Un hombre llamado Ananías también vendió una propiedad y, en complicidad con su esposa Safira, se quedó con parte del dinero y puso el resto a disposición de los apóstoles. — Hechos 5:1-2

La iglesia primitiva era una iglesia generosa. Lucas nos dice: “Todos los creyentes eran de un solo sentir y pensar. Nadie consideraba suya ninguna de sus posesiones, sino que las compartían” (Hechos 4:32). José, un levita de Chipre a quien los apóstoles apodaban Bernabé, que significa “Hijo de consolación”, comenzó una práctica de vender tierras y dar ganancias a la iglesia para distribuirlas entre los pobres.

Ananías y Safira también se hicieron parte de este fervor de generosidad, pero a diferencia de Bernabé y otros, Ananías y Safira optaron por retener parte de las ganancias de la venta de sus propiedades. Cuando Pedro confrontó a Ananías, después que afirmara que había entregado la totalidad de las ganancias, Ananías inmediatamente cayó muerto. Unas horas más tarde, Safira le dijo la misma mentira a Pedro y ella también cayó muerta.
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Ananías y Safira no estaban obligados a dar dinero a la iglesia. Los apóstoles no les tocaron a su puerta para exigirles una cuota para la iglesia. Como Pedro le recordó a Ananías: “¿Acaso no era tuyo antes de venderlo? Y una vez vendido, ¿no estaba el dinero en tu poder?” (Hechos 5:4). Ananías y Safira tenían todo el derecho a retener parte de las ganancias, pero hicieron mal al afirmar que la cantidad que dieron eran la totalidad de las ganancias.

Suponemos que las personas dan con un espíritu de generosidad, compasión o gracia, pero los motivos egoístas pueden camuflarse fácilmente. Para Ananías y Safira, fueron los celos y la codicia. Querían lo mejor de ambos mundos, deseaban recibir el elogio de los demás por ser increíblemente generosos mientras mentían para obtener algo de ganancia financiera para ellos mismos. La generosidad de Ananías y Safira era una generosidad hipócrita, a ellos les preocupaba más su imagen frente a los demás que las personas que hubieran podido ayudar con el dinero que guardaron.

En el Sermón del Monte Jesús dice: “Por eso, cuando des a los necesitados, no lo anuncies al son de trompeta, como lo hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que la gente les rinda homenaje. Les aseguro que ellos ya han recibido toda su recompensa. Más bien, cuando des a los necesitados, que no se entere tu mano izquierda de lo que hace la derecha, para que tu limosna sea en secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará” (Mateo 6:2-4).

Aquellos que dan de manera hipócrita reciben una recompensa de alabanza y gratitud de parte de los demás, lo cual únicamente infla sus egos. La generosidad alimentada por la codicia puede ayudar a la gente por un tiempo, pero no hará nada para revelar el corazón de Dios. Todos estamos llamados a dar, pero a dar con honestidad, alegría, y con un corazón genuinamente preocupado por las necesidades de los demás, y es esto lo que merece la atención del cielo.

ORACIÓN: Señor Jesús, crea en mí un corazón amable y compasivo, preocupado genuinamente por las necesidades de los demás. Ayúdame a dar generosamente y alegremente sin llamar la atención hacia mí. Gracias Señor.
PARA REFLEXIONAR: ¿Cuál es la manera correcta de dar? ¿Qué significa dar de una manera hipócrita?
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