EL CRISTO VIVO
Sábado, 12 de Mayo de 2018
 2 Reyes 15-16 | Juan 3:1-18
Él ha fijado un día en que juzgará al mundo con justicia, por medio del hombre que ha designado. De ello ha dado pruebas a todos al levantarlo de entre los muertos. — Hechos 17:31

Cuando Pablo escribió a la iglesia de Corinto predicó: “Cristo crucificado. Este mensaje es motivo de tropiezo para los judíos, y es locura para los gentiles” (1 Corintios 1:23). Cuando los filósofos epicúreos y estoicos le dieron la oportunidad de hablar en el Areópago en Atenas, a pocos kilómetros de Corinto, Pablo no predicó la crucifixión de Cristo, sino Su resurrección. ¿Qué provocó este cambio de enfoque en Pablo?

Cuando Pablo llegó por primera vez a Atenas “le dolió en el alma ver que la ciudad estaba llena de ídolos” (Hechos 17:16). Pablo debió de haber estado familiarizado con el pasaje de Habacuc 2:19 que dice: “¡Ay del que le dice al madero: “Despierta”, y a la piedra muda: “Levántate”! Aunque están recubiertos de oro y plata, nada pueden enseñarle, pues carecen de aliento de vida.” La resurrección de Cristo fue la clave del mensaje de Pablo en Atenas porque aunque los ídolos, para algunos, puedan ser poderosas fuerzas psicológicas, la realidad es que los ídolos están muertos. Es posible que los ídolos satisfagan apetitos y ambiciones de manera temporal, pero no pueden impartir vida. Los ídolos no tienen vida, ¡pero la característica principal del Evangelio es que Jesucristo está vivo!
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La vida de Cristo tiene implicaciones vitales para nosotros. Pablo explica: “Y, si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes” (Romanos 8:11). Todos los creyentes entienden que Cristo murió por ellos. Ahora, al haber sido reconciliados con Dios, encuentran consuelo en el hecho de que están del lado de Dios, pero a menudo sólo llegan hasta ahí. La realidad de la vida cristiana es que Cristo resucitó de los muertos para vivir en nosotros y a través de nosotros. Él vive en nosotros por medio de la presencia de su Espíritu Santo quien nos fortalece, pero también vive a través de nosotros para que podamos convertirnos en sus agentes para llevar a cabo Su obra en este mundo.

Dios, a menudo, diseña nuestras circunstancias de manera que podamos comprender que, separados de Él, estamos en bancarrota. Todos los creyentes tienen la vida de Cristo viviendo en ellos por medio del Espíritu Santo, pero ¿con qué frecuencia no le prestamos ninguna atención? Debemos apropiarnos diariamente de la vida de Cristo al traerlo a cada aspecto de nuestra vida. Si el único momento en que nos enfocamos en Cristo es cuando llegamos a la iglesia los domingos por la mañana, entonces lo estaremos tratando como a un ídolo sin vida. Hechos 17:28 dice: “puesto que en Él vivimos, nos movemos y existimos”. Pasar tiempo íntimo a diario con el Cristo vivo es lo que nos permite experimentar Su vida, obrando en nosotros y a través de nosotros todos los días de la semana, para que, como Cristo promete, podamos tener "vida en abundancia" (Juan 10:10).

ORACIÓN: Padre Eterno, sé que fui creado para tener Tu vida viviendo en mí, y gracias por ofrecerla libremente a través de tu Hijo. Te pido que obres a través de mí ahora, Señor, para nutrir esa vida de manera que yo pueda revelarla a otros.
PARA REFLEXIONAR: ¿Estoy pasando tiempo en intimidad con Dios todos los días? ¿Cómo ha sido mi experiencia personal con el Cristo vivo?
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