CONSUELO EN EL SUFRIMIENTO
Lunes, 16 de Abril de 2018
 1 Samuel 30-31 | Lucas 13:23-35
Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones... — 2 Corintios 1:3-4

Nuestro instinto natural es pensar que el sufrimiento destruye y, por supuesto, puede hacerlo, y en efecto lo hace. El sufrimiento no sólo causa dolor físico y emocional, sino que puede envenenar nuestras actitudes con enojo y amargura. Incluso, podemos comenzar a culpar a Dios por las cosas dolorosas que nos suceden, arrastrando a otros a nuestra amargura en el proceso.

¿Cómo podemos encontrar consuelo en el sufrimiento? David escribe: “Este es mi consuelo en medio del dolor: que tu promesa me da vida” (Salmo 119:50). En el verso 52, agrega: “Me acuerdo, SEÑOR, de tus juicios de antaño, y encuentro consuelo en ellos.” En otras palabras, tomamos nuestra dirección de la Palabra de Dios, que alimenta nuestra alma y calma nuestros temores. Pablo escribe: “Y no solo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza” (Romanos 5:3-4). Podemos regocijarnos en nuestros sufrimientos, porque fortalece nuestro carácter y nos equipan para enfrentar cada prueba que se nos presente.
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Dios también nos consuela a través de otros. Pablo habla de un momento particularmente difícil en Macedonia cuando dice: "...nos vimos acosados por todas partes; conflictos por fuera, temores por dentro. Pero Dios, que consuela a los abatidos, nos consoló con la llegada de Tito (2 Corintios 7:5-6). Tito era un discípulo de Cristo quien apoyaba y animaba a Pablo en tiempos de necesidad. Podemos inclinarnos a cortar la comunicación con el mundo cuando las circunstancias nos abruman, pero un espíritu dispuesto escucha a otro creyente y es como un soplo de aire fresco, reafirmando nuestra fe.

Sobre todo, podemos recibir consuelo cuando adoptamos una actitud de agradecimiento hacia Dios. En medio de nuestros sufrimientos, agradecemos a Dios por Su presencia y suficiencia. Pablo nos dice: “No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7). Esta no es una paz que nosotros mismos conseguimos, sino que es una paz que proviene de Dios. Trasciende la lógica humana porque vivimos cada día como si todos nuestros problemas ya estuvieran resueltos. Y esto es porque en efecto, ante los ojos de Dios, todos nuestros problemas ya han sido resueltos y debemos confiar en Él por eso.

Podremos soportar nuestros momentos más oscuros porque tenemos la certeza que estamos completamente seguros en Dios por el amor de Cristo. En Él, somos más que vencedores, no sólo "sobre" nuestros sufrimientos, sino "en" medio de ellos.
Muchos inicialmente recurren a familiares, amigos, doctores, terapeutas, pastores e incluso libros de autoayuda. Cuando todo esto falla, entonces recurren a Cristo como último recurso, cuando en realidad Cristo debe ser nuestro primer recurso.

ORACIÓN: Amado Padre Celestial, perdóname por las veces que he permitido que la amargura prevalezca en mis sufrimientos. Hazme consciente de Tu presencia y suficiencia, y concédeme un espíritu de gratitud y esperanza en Ti en tiempos difíciles. Gracias Dios.
PARA REFLEXIONAR: ¿Cómo podemos hallar consuelo en medio de nuestras dificultades? ¿Estoy permitiendo que la amargura prevalezca en medio de las dificultades o estoy agradeciendo a Dios por su presencia y suficiencia en medio de ellas?
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