LA MEDIDA DEL ÉXITO
Domingo, 15 de Abril de 2018
 1 Samuel 27-29 | Lucas 13:1-22
Pero considero que en nada soy inferior a esos «superapóstoles». Quizás yo sea un mal orador, pero tengo conocimiento… — 2 Corintios 11:5-6

La cultura de la antigua Grecia desarrolló una elevada consideración por el éxito. Los poetas y dramaturgos griegos todavía son recordados por el gran impacto cultural que causaron en todo el mundo. Los griegos fundaron los Juegos Olímpicos y engendraron la era filosófica con grandes mentes como la de Sócrates, Platón, Aristóteles, Epicuro y otros. Algunos pensadores griegos establecieron un grupo llamado los “Sofistas”, que entrenaban a los hombres específicamente para proyectar una imagen de alto poder, éxito, fortaleza y confianza propia.

No es de sorprender que en la iglesia primitiva de Corinto se haya infiltrado una obsesión por exudar éxito y confianza. Pablo escribió la segunda carta a los Corintios para abordar los ataques personales que los creyentes de Corinto estaban haciendo hacia él, en relación con sus motivos y autoridad. Ellos sabían que Pablo podía escribir cartas poderosas y contundentes, pero se quejaban porque Pablo no proyectaba una imagen de éxito y no era buen orador. Ellos pensaban que un verdadero apóstol debería proyectar una imagen de éxito y ser bien hablado, incluso debería cobrar por sus deberes ministeriales para demostrar que era profesional. También pensaban que un apóstol no debería sufrir. Sería humillante pasar por las mismas heridas y dolores de otras personas y su creencia era que parte de la piedad debería trascender el sufrimiento.
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El modelo de Pablo no era la escala de la cultura griega, ni la medida de su apostolado estaba determinado por los estándares del éxito mundano. El modelo de Pablo era Jesucristo, también rechazado y perseguido. Jesús fue rechazado por la jerarquía judía porque no cumplía las expectativas que ellos tenían de un Mesías. Ellos desacreditaban a Jesús por relacionarse con pecadores y recaudadores de impuestos, pero Jesús no media el éxito por quiénes eran sus oyentes, ni por el tamaño de su audiencia, ni por el poder de sus argumentos, ni por los ingresos que Su ministerio generara. Jesús fue exitoso porque fue obediente a Su Padre y alcanzaba a las personas con la verdad.

Es fácil quedar atrapado en estándares erróneos de éxito. Las iglesias de hoy en día muchas veces tienden a enfocarse más en números y conteos de asistencia que en predicar la Palabra de Dios y hacer discípulos. Muchos cristianos prefieren evitar las enseñanzas de Jesús o Pablo especialmente cuando tienen que ver con el costo del discipulado, y se enfocan en un Evangelio de prosperidad que dice que creer en Jesús traerá abundante salud, riqueza y bendiciones materiales.

Pablo afirma que las dificultades y los sufrimientos no son solamente parte de la vida, sino que están lejos de descalificar a una persona, en realidad las dificultades y sufrimientos son evidencia del verdadero apostolado. Es por eso que dice, “Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo.” En lugar de estar exentos de sufrimientos, Pablo dice que estamos equipados para entrar en ellos, y debido a ellos, llegamos a conocer a Dios de una manera mucho más profunda que si la vida siempre fuera fácil.

ORACIÓN: Señor Jesús, perdóname por los momentos en que he medido mi éxito según los estándares mundanos. Mantenme enfocado en Ti, preocupado con Tu agenda y no con las expectativas de los demás. Gracias Señor.
PARA REFLEXIONAR: ¿Cómo se mide el éxito a la manera de Dios? ¿Estoy midiendo el éxito en mi vida con los estándares del mundo?
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