EL SOLDADO EN NOSOTROS
Miércoles, 14 de Marzo de 2018
 Deuteronomio 22-24 | Marcos 14:1-26
Comparte nuestros sufrimientos, como buen soldado de Cristo Jesús. — 2 Timoteo 2:3

Años más tarde, Timoteo se quedó a cargo de la iglesia en Éfeso. A unos mil kilómetros de distancia, Pablo, encadenado por Cristo, languidecía en una prisión romana sabiendo que su muerte era inminente. Los años le habían demostrado a Pablo que Timoteo no era un hombre audaz y valiente, sino que carecía de confianza, era tímido, frágil y, en ocasiones, se sentía avergonzado por el hecho que su mentor estuviera encarcelado como un delincuente común.

Pablo sabía que Timoteo amaba al Señor Jesús y que Dios había comenzado una obra en él. Escribiendo desde la prisión, él apoya, alienta e instruye a Timoteo. Pablo le dice: “comparte nuestros sufrimientos, como buen soldado de Cristo Jesús." Los soldados son fuertes, entrenados y disciplinados. Pablo le escribe: “Pues Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio. Así que no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni tampoco de mí, que por su causa soy prisionero” (2 Timoteo 1:7-8).
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La imagen de un soldado puede parecer muy poco común para muchos cristianos, pero Pablo, un visitante frecuente de las cárceles romanas, a menudo habría hablado con los soldados, por eso compara el entrenamiento y la disciplina de los soldados con el discipulado cristiano. Timoteo no sólo necesitaba prepararse para soportar las dificultades, sino que también debía comprender el verdadero costo de convertirse en discípulo de Cristo. La Iglesia de Jesucristo fue establecida en medio de la persecución, y Pablo sabía muy bien que a su joven protegido le esperaban días difíciles y dolorosos. Timoteo aún no se había dado cuenta de que no sólo estaba involucrado en una guerra espiritual interna, sino que esa guerra también trascendería externamente en su vida. Pablo lo prepara para, no evitar las dificultades y el sufrimiento, sino para esperarlos y soportarlos.

C.T. Studd fue un gran misionero del siglo pasado, quien abrió camino para el Evangelio en algunos lugares de China, India y África Central. Studd escribió un folleto llamado “El Soldado de Chocolate”, y su premisa básica era que muchos cristianos que creen estar comprometidos con la obra de Dios, se derriten como un soldado de chocolate cuando el calor de la batalla se hace más intenso. Esto es cierto para algunos cristianos, pero mientras recurramos continuamente a la presencia interna de Cristo en nosotros, lo que nos lleva a depender de Él, y si practicamos las disciplinas externas que conducen a la obediencia a Él, ¡Cristo será nuestra fortaleza y no nos derretiremos!

Podemos sentarnos bajo el paraguas de un cristianismo cómodo y conveniente, sintiéndonos contentos con nuestras propias agendas, siempre y cuando tengamos salvación, o podemos convertirnos en soldados de Cristo, contentos con nada menos que Su agenda, independientemente de las consecuencias para nosotros.

Por cada demanda que Dios nos hace y para la disciplina requerida, Jesucristo es la dinámica y el soldado en nosotros que lucha por un mundo mejor.

ORACIÓN: Amado Señor, la realidad es que incluso en nuestros días, la persecución y la oposición al Evangelio son cada vez más frecuentes. Te pido que Tú seas el soldado en mí para soportar las dificultades y ayúdame a mantenerme en Tu fortaleza. Gracias Señor.
PARA REFLEXIONAR: ¿Quién es el Soldado en mí?
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