VERDADERO DISCIPULADO
Martes, 13 de Marzo de 2018
 Deuteronomio 19-21 | Marcos 13:21-37
…sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y llamó con llamamiento santo…” — 2 Timoteo 1:8-9

Timoteo era un joven discípulo de Cristo muy amado y guiado por Pablo. La historia de Timoteo, es una historia con la que casi todos los cristianos nos identificamos. Al principio de nuestra vida cristiana, todos estamos motivados y dispuestos a servir, pero en algún punto a lo largo del camino, la confusión, duda y preocupación aparecen.

Timoteo creció con la tensión causada por el estigma asociado a su ascendencia mixta y con sólo un padre creyente, pero Dios tenía planes para él. Cuando aún era un hombre joven, alguien nuevo entró a su vida, no alguien con un mensaje nuevo, sino alguien audaz y fresco. Acompañado por Bernabé, el apóstol Pablo, estando en su primer viaje misionero en Turquía, conoció a Timoteo en su ciudad natal de Listra. Este fue el inicio de una amistad, y fue bajo el ministerio de Pablo, que Timoteo, en el contexto de un evento muy dramático, se convirtió al cristianismo.
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Estando en Listra, Pablo y Bernabé encontraron a un hombre lisiado de nacimiento, Pablo lo sanó mediante el poder de Cristo. En una respuesta eufórica, la multitud saludó a Pablo y Bernabé, recibiéndolos como dioses que habían descendido a la tierra en forma humana. La multitud estaba sorda ante las protestas inflexibles de Pablo y Bernabé, quienes les reiteraban que eran simplemente humanos al igual que ellos. Cuando comenzaron a predicar, los judíos que habían descendido de Antioquía incitaron a la multitud contra Pablo y Bernabé. El péndulo cambió repentinamente de querer adorar a Pablo y a Bernabé, a querer matarlos. Pablo, siendo el portavoz, fue brutalmente apedreado, arrastrado fuera de la ciudad y dado por muerto. Mientras algunos discípulos se reunían a su alrededor, Pablo se levantó y regresó a la ciudad, presumiblemente refugiándose en la casa de Timoteo. Golpeado, magullado e hinchado, Pablo deseaba saber si Timoteo todavía quería ser discípulo de Cristo: ¿Timoteo, deseas ser discípulo de Cristo?

¿Cuál hubiera sido nuestra respuesta a esa pregunta en un momento como ese? Para tener una mejor comprensión, primero debemos preguntarnos qué implica convertirse en un verdadero discípulo de Cristo. La Iglesia Cristiana tiene una clara descripción de lo que implica ser discípulo de Cristo. Son hombres y mujeres que genuinamente dicen “sí" a una rendición incondicional de su vida a Cristo, independientemente de las consecuencias para ellos. Específicamente, hay un cambio de enfoque, pasando del enfoque en nosotros mismos, al enfoque en Dios, sin puntos intermedios, ni concesiones.

El verdadero discipulado no es un viaje sentimental de fe, ni promete una vida de comodidad y tranquilidad. Es negarse a sí mismo para los propósitos de Jesucristo. No hay duda de que el Evangelio implica sacrificios, pero también es profundamente enriquecedor en espíritu y altamente gratificante porque es Jesús quien está en control, y Jesús es nuestra fortaleza, nuestra dirección y el único recurso que necesitamos. El discipulado es un estilo de vida dinámicamente vivo y significativo, en lugar de ser simplemente un conjunto de creencias que intentamos seguir pero que no transmitimos.

ORACIÓN: Señor Jesús, nunca permitas que me aleje de Tu llamado. Te pido que me llenes de Tu fortaleza y valor como lo hiciste con Pablo para servirte mejor. Gracias Señor.
PARA REFLEXIONAR: ¿Cuáles son las implicaciones de ser un verdadero discípulo de Cristo? ¿Estoy dispuesto a ser un verdadero discípulo de Cristo? ¿Qué debo hacer para ser un verdadero discípulo de Cristo? ¿He puesto límites en cuanto a mi disposición a servir a Dios?
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