EL AMOR DEL BUEN PASTOR
Miércoles, 14 de Febrero de 2018
 Levítico 15-16 | Mateo 27:1-26
»Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. — Juan 10:11

El buen pastor no sólo conoce a Sus ovejas y les habla, sino que está dispuesto a sacrificar todo por ellas. Ellas son la fuente de su sustento, y al cuidarlas, crece un vínculo entre ambas partes. El buen pastor conoce a sus ovejas, las ama y está comprometido con el bienestar de ellas. Lo anterior es fácil de comprender, pero Jesús dice que el buen pastor, verdaderamente dará su vida por sus ovejas.

En Mateo 18, Jesús cuenta la parábola de la oveja perdida. ¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una de ellas, ¿no dejará las noventa y nueve en las colinas para ir en busca de la extraviada? Y, si llega a encontrarla, les aseguro que se pondrá más feliz por esa sola oveja que por las noventa y nueve que no se extraviaron (Mateo 18:12-13). Parece impráctico que un pastor deje todo su rebaño para ir en búsqueda de una oveja perdida, y es aún más difícil de imaginar que un pastor sacrifique su propia vida para salvar a sus ovejas, pero Jesús no estaba hablando de cualquier pastor. Jesús estaba hablando de Sí mismo.
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Justo antes de Su crucifixión les dijo a Sus discípulos: “Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos” (Juan 15:13). Las palabras de Jesús en el verso de encabezamiento, revelan algo aún más profundo y notable acerca del corazón del Buen Pastor. No es que Jesús murió por nosotros, sino que Jesús moriría por nosotros (es decir, estaba dispuesto a morir por nosotros), y hay una diferencia. Podríamos decir a nuestros hijos o a nuestro cónyuge que moriríamos por ellos, pero ¿se lo diríamos al vecino molesto de al lado? ¿Se lo diríamos al vagabundo sin hogar en la calle? ¿Se lo diríamos a un asesino convicto, a una prostituta o alguien que nos ha herido profundamente? Probablemente no, pero Jesús sí lo haría.

Este es el amor sacrificial de Dios, el cual fue expresado de manera suprema en la cruz de Cristo.
Pablo escribe: “Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado” (Romanos 5:5). Incluso en el mejor de los casos, nuestra propia carne impedirá que amemos como Dios ama, pero la presencia permanente de Cristo mismo en nosotros nos da la capacidad de amar de manera sobrenatural, fuera de los parámetros habituales de la familia y los amigos. En este día, en el cual celebramos el amor y la amistad, oremos para que cada día nos convirtamos en un reflejo más cercano de Jesús y Su amor, y que amemos sin prejuicios, sin encontrar fallas y sin ninguna expectativa de retorno.

ORACIÓN: Señor Jesús, Tu amor nunca deja de sorprenderme. No merezco Tu gracia, y estoy eternamente agradecido que Tú seas mi Buen Pastor, Tu amor es infalible y eterno. Gracias Señor.
PARA REFLEXIONAR: ¿De qué manera he experimentado el amor del Buen Pastor? ¿Soy consciente de la realidad que Jesús dio Su vida por mí, y que estuvo dispuesto a hacerlo aun conociendo toda mi maldad?
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