EL AMALECITA DENTRO DE NOSOTROS
Domingo, 14 de Enero de 2018
 Génesis 33-35 | Mateo 10:1-20
Y exclamó [Moisés]: « ¡Echa mano al estandarte del SEÑOR! ¡La guerra del SEÑOR contra Amalec será de generación en generación!» — Éxodo 17:16

Comparado con los masivos ejércitos cananeos o el poder de los filisteos, no podemos pensar de los amalecitas como uno de los enemigos más poderosos de Israel. ¿Por qué, entonces, es este el enemigo acerca de quien Dios declara que estará en guerra por generaciones?

Una posible razón es que los amalecitas estaban estrechamente relacionados con los israelitas. Los israelitas eran descendientes de Jacob, mientras que los amalecitas eran descendientes de Esaú. Como primogénito de gemelos, Esaú era merecedor de los derechos de nacimiento y de una bendición especial de su padre Isaac, pero Jacob era un embaucador que engañó a su hermano para quitarle la bendición y su derecho de nacimiento. Cuando Esaú regresó de una cacería, estando hambriento, Jacob lo indujo a cambiar su derecho de nacimiento por un plato de guiso. Jacob entonces engañó a su padre ciego para que le diera la bendición que legítimamente le pertenecía a Esaú.
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Podría parecernos extraño que Dios estuviera dispuesto a permitir que su línea elegida fuera transferida a través del engaño, pero Jacob eventualmente se humilló ante Dios y se sometió a Su autoridad. Sin embargo, Esaú es retratado como un hombre fuerte y orgulloso; un cazador que pensó que podría proveerse a sí mismo sin las muletas de los derechos de nacimiento y las bendiciones. Como resultado, autosuficiencia y antagonismo hacia Dios y su pueblo vino de los descendientes de Esaú. Esto hace que los amalecitas no fueran sólo un enemigo externo, sino un enemigo proveniente de la familia elegida.

Hay un principio espiritual que se puede extraer de esto. El mayor enemigo al que nos enfrentamos en la vida cristiana no está en algún lado allá afuera, sino que comienza dentro de nosotros. Los amalecitas son una imagen de lo que Pablo llama “la carne”; es decir, nuestro ser natural en oposición a Dios. Al igual que los amalecitas, la carne es en realidad un enemigo dentro de nosotros que debería estar bajo la bendición de Dios, pero se resiste. Como cristianos, Cristo viene a vivir en nosotros por su Espíritu Santo, pero los deseos de la carne permanecen y están constantemente en guerra contra el Espíritu.

La amenaza amalecita no terminó después de la batalla en la cual Moisés sostuvo la vara de Dios en el aire. Alrededor de 400 años después, fue un amalecita quien afirmó haber matado al rey Saúl y, siglos más tarde, Herodes, un descendiente amalecita, fue uno de los reyes más malvados que reinó en Judá. Si el diablo muriera esta noche, la carne—el amalecita dentro de nosotros—aún estaría vivo y activo. No podemos luchar por nuestra propia cuenta la batalla contra el pecado y la tentación, por lo que debemos salvaguardarnos de la autosuficiencia de Esaú y humildemente someternos a Cristo, permitiéndole ser nuestra fortaleza y protector, en esta guerra de la carne contra el Espíritu.

ORACIÓN: Señor Jesús, confío en Ti como la única fuente de mi fortaleza para resistir al amalecita dentro de mí, soy plenamente consciente que Tú ya has ganado la victoria sobre la tentación y el pecado. Gracias Señor.
PARA REFLEXIONAR: ¿Cuál es el amalecita que está dentro de nosotros? ¿Cómo debemos enfrentar la batalla de la carne contra el Espíritu? ¿Qué es la carne?
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