EL SEÑOR ES MI ESTANDARTE
Sábado, 13 de Enero de 2018
 Génesis 31-32 | Mateo 9:18-38
Entonces Moisés le ordenó a Josué: «Escoge algunos de nuestros hombres y sal a combatir a los amalecitas. Mañana yo estaré en la cima de la colina con la vara de Dios en la mano». — Éxodo 17:9

Me pregunto cómo se hubiera sentido Josué si las instrucciones en el verso anterior hubieran sido las únicas instrucciones que Moisés le hubiera dado antes de luchar contra los amalecitas. Josué ya había experimentado a Dios peleando por Israel en Egipto, y había visto las señales milagrosas que sucedían cada vez que la vara de Dios estaba involucrada, pero supongo que aún no estaba seguro de cómo el hecho de estar de pie en la cima de una colina sosteniendo la vara influiría en la marcha de la batalla.

No pasó mucho tiempo antes de que lo supiera. La Biblia nos dice: “Mientras Moisés mantenía los brazos en alto, la batalla se inclinaba en favor de los israelitas; pero, cuando los bajaba, se inclinaba en favor de los amalecitas” (Éxodo 17:11). Los israelitas tenían éxito siempre y cuando Moisés mantuviera la vara levantada en lo alto, pero los amalecitas luchaban ferozmente cada vez que Moisés bajaba la vara. La batalla continuó toda la noche y, finalmente Aarón, hermano de Moisés y Hur tuvieron que sostener los brazos de Moisés con una piedra para asegurar que los israelitas salieran victoriosos.
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Para celebrar la victoria, Moisés construyó un altar a Dios y lo llamó «El SEÑOR es mi estandarte». El equivalente más cercano que tenemos a este tipo de estandarte es una bandera nacional, pero las banderas de los pueblos antiguos eran típicamente grandes estructuras de madera que un ejército podía reconocer desde la distancia. Levantar un estandarte era un punto de reunión para un ejército, que les indicaba dónde reunirse en el fragor de la batalla o dónde proclamar la victoria sobre sus enemigos. Esta es la razón por la cual el hecho de que Moisés sostuviera la vara de Dios durante la batalla fue tan significativo. La vara, que se había convertido en el símbolo del poder y la intervención milagrosa de Dios, era un estandarte que anunciaba proféticamente la victoria de Dios sobre Sus enemigos.

El hecho de que la victoria era de Dios, no de Israel, era algo que Dios quería que su pueblo recordara. Dios le dijo a Moisés que escribiera este evento en un rollo para que se recordara “...y que lo oiga bien Josué” (Éxodo 17:14). Josué se convertiría en el próximo líder de Israel, pero Dios quería que supiera de antemano que sólo Él sería la fuente de la fortaleza y la victoria de Israel. Josué y el ejército israelita todavía tendrían que luchar físicamente, pero no sería su capacidad, lo que les daría la victoria. La victoria estaba asegurada en la colina donde la vara de Dios había sido levantada.

Nosotros también enfrentamos batallas en nuestra vida y algo similar ocurre en nuestra vida. Todavía debemos enfrentar a los enemigos que nos oprimen, pero cuando el Señor es nuestro estandarte, podemos salir con confianza, sabiendo que Dios está luchando por nosotros. La victoria nunca se logra, sino que se recibe de Dios cuando actuamos en obediencia, confiando en que Él es la fuente de nuestra fortaleza y de nuestra victoria.

ORACIÓN: Dios Todopoderoso, es completamente imposible enfrentar las batallas en mi vida por mi propia cuenta. Tú eres la fuente de mi victoria y pongo mi confianza completamente en Ti como mi fortaleza. Gracias Dios.
PARA REFLEXIONAR: ¿Qué significado tiene que Dios sea nuestro estandarte? ¿Qué significa que la victoria sea recibida y no lograda?
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