EMOCIONES Y LÓGICA
Lunes, 22 de Enero de 2018
 Éxodo 4-6 | Mateo 14:22-36
Pero los judíos, llenos de envidia, reclutaron a unos maleantes callejeros, con los que armaron una turba y empezaron a alborotar la ciudad. — Hechos 17:5

Hay tres modos de apelación en la retórica griega: ethos, logos y pathos. Ethos se refiere a argumentos éticos acerca de si una idea es correcta o incorrecta. Logos se refiere a argumentos racionales que intentan probar si algo es real y verdadero, y lo llamamos apologética cuando defendemos racionalmente las verdades de las Escrituras. Pathos es una argumentación de las pasiones, apelando a las emociones de las personas para convencerlas de que crean una idea. Como fariseo entrenado en el mundo griego, Pablo habría estado familiarizado con estos tres modos de apelación y probablemente los usó con frecuencia en uno o más de sus razonamientos al predicar el Evangelio.

El modo de apelación que usemos no necesariamente generará una respuesta similar en aquellos a los que intentamos convencer. Por ejemplo, cuando Pablo predicó a los judíos en la sinagoga de Tesalónica, “…discutió con ellos. Basándose en las Escrituras, les explicaba y demostraba que era necesario que el Mesías padeciera y resucitara” (Hechos 17:2-3). Pablo usó logos, el apelativo intelectual, con la esperanza de convencer racionalmente a sus oyentes de por qué Jesús tenía que morir, pero algunos de los judíos reaccionaron emocionalmente a esta afirmación. Jesús no se ajustaba a su concepto del Mesías y su enojo resultante los llevó a provocar disturbios entre los oyentes de Pablo.
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El peligro de los apelativos y las respuestas pathos es que las personas no piensan con claridad cuando están emocionalmente alteradas. Cuando un amigo cercano o nuestro cónyuge nos hacen enojar y nos ponemos a la defensiva, algunos de nosotros podríamos arremeter contra ellos emocionalmente, a menudo lamentándonos más tarde. Lo mismo sucede cuando las personas consideran la verdad a través de un lente emocional. Los argumentos racionales para el cristianismo son fuertes, pero algunos se negarán a creer porque sus emociones los habrán cegado a la verdad. La decepción con la iglesia o la ira con Dios por no haber intervenido en una situación problemática, pueden convertirnos en personas reacias a aceptar la verdad acerca de Jesús, no importa cuán fuertemente los hechos lo respalden.

Somos seres emocionales, pero a veces necesitamos dejar de lado nuestras emociones para descubrir la verdad.
La noche después de los disturbios, Pablo se trasladó a Berea, donde Hechos 17:11 nos dice que los judíos de este lugar: “…eran de sentimientos más nobles que los de Tesalónica, de modo que recibieron el mensaje con toda avidez y todos los días examinaban las Escrituras para ver si era verdad lo que se les anunciaba”. Los judíos de Berea eran más nobles porque sacaban la emoción de la ecuación. Estaban dispuestos a considerar racionalmente los argumentos acerca de Jesús, y como resultado, “…muchos de los judíos creyeron...” (Hechos 17:12). Esto demuestra que aferrarse demasiado a las emociones negativas puede alejarnos del Reino, pero cuando dejamos de lado nuestras emociones y estudiamos los hechos, descubriremos el innegable suceso para creer en Cristo resucitado.

ORACIÓN: Padre, gracias por darme razones racionales en las Escrituras para creer. Oro por que aquellos que aún no son salvos para que sean iluminados por el Espíritu Santo y se conviertan en creyentes. Gracias Señor.
PARA REFLEXIONAR: ¿Qué papel juegan nuestras emociones en nuestras creencias? ¿He permitido que emociones negativas en mi vida bloqueen mi relación con Cristo?
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