ENSEÑANDO OBEDIENCIA
Lunes, 18 de Junio de 2018
 Nehemías 10-11 | Hechos 4:1-22
Hijos, obedezcan a sus padres en todo, porque esto agrada al Señor. — Colosenses 3:20

En los últimos años ha habido una creciente presión por parte de algunos padres y psicólogos infantiles para reducir la disciplina en los niños. Afirman que es mejor que a los niños se les dé plena libertad de expresión y que decidan por sí mismos qué es lo correcto y lo bueno. Algunos padres casi nunca dicen “no” a sus hijos, dejándolos con pocas, si acaso ninguna, regla o expectativa. Mientras que algunos de estos niños terminarán siguiendo el camino correcto, muchos otros se volverán ensimismados y arrogantes, pensando que el mundo gira alrededor a ellos.

Cuando dejamos de enseñar a nuestros hijos a obedecer, desechamos lo que dice la Escritura acerca de la paternidad. Proverbios 22:6 dice: “Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará.” Proverbios 29:15 dice: “La vara de la disciplina imparte sabiduría, pero el hijo malcriado avergüenza a su madre”. Hebreos 12: 9, 11 dice: “Después de todo, aunque nuestros padres humanos nos disciplinaban, los respetábamos… Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella”.
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Los niños anhelan estructura, rutina, dirección y disciplina, sin embargo, cuando estas cosas están ausentes, sufrirán tratando de aprender cómo deben actuar. Los niños necesitan límites que sean razonables y aplicables, y deben aprender que existen consecuencias cuando sobrepasan esos límites. Por supuesto, nuestros hijos pondrán a prueba esos límites al máximo, pero tendrán que aprender que “no” significa “no”, lo cual les infundirá un sentido de seguridad.

La autora y oradora Elisabeth Elliot, una vez dijo que anteriormente los padres solían querer que sus hijos fueran buenos, pero ahora quieren que sus hijos sean felices. Ella dijo que los niños criados para ser buenos, usualmente terminan siendo felices porque serán adultos más seguros de sí mismos, sabiendo quiénes son y cómo deben comportarse. La felicidad para nuestros hijos es una consecuencia de vivir en bondad, disciplina y rectitud. No vamos por ahí buscando la felicidad, sino que llega como consecuencia de nuestra obediencia a la dirección de Dios para nuestras vidas.

Enseñar a nuestros hijos a obedecer no es simplemente por la conveniencia de tener hijos que se comporten bien. También desarrollará su vida espiritual.
La noche anterior a Su crucifixión, Jesús les dijo a Sus discípulos: “El que me ama, obedecerá mi palabra…” (Juan 14:23). Muchos niños lucharán con el hecho de llevar sus vidas bajo el señorío de Cristo, pero el establecer y hacer cumplir límites a nuestros hijos, mientras aún son jóvenes, inculcará en ellos humildad y obediencia, dos ingredientes esenciales en una relación con Dios. Sólo en Él encontrarán paz y satisfacción duraderas, y a Aquél en quien se fundamenta la moral y la bondad.

ORACIÓN: Señor Jesús, tu Palabra revela claramente Tu corazón por los niños. Te pido que inspires a los padres y educadores a enseñar obediencia a quienes tienen a su cargo, de modo que levantemos una generación de hombres y mujeres que deseen conocerte y agradarte.
PARA REFLEXIONAR: ¿Por qué es importante enseñar obediencia a nuestros hijos? ¿Por qué razón debemos establecer y hacer cumplir límites en la vida de nuestros hijos?
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