RESPUESTA POR DAR
Jueves, 23 de Noviembre de 2017
 Ezequiel 20-21 | Santiago 5
“Esta ayuda que es un servicio sagrado no solo suple las necesidades de los santos, sino que también redunda en abundantes acciones de gracias a Dios;” — 2 Corintios 9:12

La carta de Pablo a los Romanos registra la ocurrencia de una severa hambruna que había azotado a la ciudad de Jerusalén, y a consecuencia de esto, la iglesia de Jerusalén y las regiones circundantes estaban atravesando grandes necesidades (Romanos 15:25). Los pobres no tenían suficiente para comer, entonces Pablo clamó por ayuda a las iglesias que él había plantado en Macedonia y Acaya. Pablo pidió al gran cuerpo de creyentes gentiles de estas iglesias que recolectaran una ofrenda especial para sus hermanos y hermanas judíos que estaban atravesando dificultades en Jerusalén.

Esta solicitud de ayuda fue bien recibida en general. Pablo les recuerda a los corintios su “…buena disposición”, cuando él buscó ayuda inicialmente (2 Corintios 9:2), y ahora él está emocionado de verlos cumplir su promesa. Esta respuesta de los corintios es inspiradora y nos motiva a dar. Respuestas como estas, traen alegría a todas las personas involucradas en el proceso de recolectar y distribuir nuestros regalos.
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Sin embargo, la principal respuesta que Pablo resalta en este capítulo es la gratitud de quienes reciben nuestros regalos. Pablo alienta a los corintios diciendo que la generosidad de ellos resultará en “...acciones de gracias a Dios” (2 Corintios 9:11). Es importante resaltar que el énfasis está en Dios y no en los donantes humanos. Los creyentes de corinto eran parte necesaria del proceso, pero sería a Dios a quien los creyentes de Jerusalén finalmente alabarían y agradecerían por suministrar a su pueblo las provisiones necesarias. De la misma manera, Dios puede elegir obrar a través de nosotros para apoyar a los misioneros, dar comida a los hambrientos, o incluso para dejar un cheque en el buzón de un vecino en dificultades, pero no debemos sorprendernos si aquellos a quienes hemos ayudado expresan su agradecimiento a Dios y no a nosotros, ya que Dios es el Dador de toda buena dádiva.

Lo anterior es bueno, porque significa que nuestra generosidad debe ser un testimonio de la bondad de Dios. Pablo escribe: “En efecto, al recibir esta demostración de servicio, ellos alabarán a Dios por la obediencia con que ustedes acompañan la confesión del evangelio de Cristo, y por su generosa solidaridad con ellos y con todos” (2 Corintios 9:13). En otras palabras, la mayor alabanza que podemos recibir cuando damos obedientemente es ver que el efecto de lo que damos hace que las personas sean enfocadas en Cristo y en la generosidad que Él produce en nosotros.

Como dadores, es posible que nunca recibamos una palabra de agradecimiento por nuestros esfuerzos y los regalos que hemos dado. Si recibimos expresiones de gratitud, tenemos todo el derecho a estar agradecidos, pero también debemos recordar que somos simplemente participantes en la actividad de Dios. Es Su Espíritu en nosotros, de donde se deriva toda nuestra generosidad, el mismo Espíritu que también genera una respuesta de acción de gracias en las vidas de aquellos que han recibido nuestras dádivas.

ORACIÓN: Señor Jesús, gracias por Tu obra en mí, y porque a través de mis acciones, Tú obras para que otros te agradezcan por Tu infinita generosidad y gracia. Permite que esto abra puertas para que otras personas se acerquen a Ti. Gracias Dios.
PARA REFLEXIONAR: ¿Cuál debe ser la respuesta que debemos esperar cuando damos a los demás?
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